—¡Heridas!
—Sí, heridas recibidas hace tres dias en las fronteras de tu reino.
—No tengo noticia de ningun encuentro con los cristianos.
—Tu alcaide de Loja, que intentó una algara sobre la frontera, ha sido vencido, y como prudente no te ha dado noticia de su desastre: ha dejado sobre la frontera cristiana la flor de sus caballeros muertos á manos de los vecinos de Martos, á quienes acaudillaba su corregidor; pero el desdichado no gozó el triunfo; recibió algunos hachazos en la cabeza de manos del tremendo Alí-Athar, tu alcaide en Loja, y hélo ahí espirante. Escucha lo que se habla en esa habitacion.
—Nada oigo; dijo el rey: la vega y las montañas están envueltas en el mas profundo silencio.
Tocó Abu-Jacub los oidos del rey y repitió:
—Escucha.
—Oigo al faqui cristiano rezar en rumy[79]; oigo el sobrealiento y la fatiga del herido que está dominado por un letargo.
—Escucha aun.
—La muger llora.