¿Pero quién es aquel otro ginete que por la otra parte de la villa avanza llevando tras sí una taifa de caballeros abencerrajes entre los cuales ondea un estandarte verde?
Monta en una yegua blanca como la aurora; ciñe lucientes armas, y sobre su casco ondean plumas azules y encarnadas.
Y hermoso, y jóven, y valiente, y fiero.
Brilla en sus ojos algo de régio que impone respeto, y algo de sombrío que espanta.
Su semblante es dorado como el sol, y su rizada y negra barba, remeda sortijas de ébano.
Es Mohammet-ebn-Ismail, infante de Granada, primo del rey, hijo del walí de Algeciras.
Bien se conoce en su semblante y en sus proezas la autoridad de su persona, y en la bravura con que hiende por los cristianos lo guerrero de su raza.
Es muy jóven, y sin embargo ya ha ceñido muchas veces la sangrienta corona de la victoria, y acompaña en esta ocasion al rey de Granada, porque un caballero que tanto vale no puede quedarse en la ciudad adormido al son regalado de las zambras, mientras su rey oye el alarido de la pelea.
Pero Mohammet solo busca nuevos triunfos, mientras el rey amores: Mohammet grita mientras el rey invoca á la vírgen de sus sueños.—¡Solo Dios es vencedor!
Y Dios fortalece su brazo, y le convierte en un rayo que destruye cuanto toca.