No para ser cautiva sino señora.
Yo entré aquí libre y bravo, y héme cobarde y cautivo.
Yo vivia y muero.
Yo veía y he cegado.
No tiembles gacela de oro, rocío del alba, luz de los cielos.
Quien tú has muerto te dá vida.
Quien te ha cautivado te hace señora.
Aunque el moro sabe el habla castellana, trasportado por su amor la habla en árabe.
Que cuando amamos, cuando queremos comunicar todo nuestro amor al alma que nos lo inspira, no encontramos otro lenguaje mas elocuente que el dulce lenguaje de la patria.
La doncella solo comprende que el jóven príncipe la enamora, porque el acento del amor se hace entender á todas las gentes, se ruboriza, palidece, baja los ojos y prorrumpe en llanto.