—Si dás un solo paso mas hácia á mí, me arrojo al pie del muro.
Y el infante oye una horrible maldicion que parece salir de la boca del rey, y luego vé que la sombra oscura se retira.
La sombra blanca permanece en el mirador asida á la balaustrada.
Pasa algun tiempo y el infante avanza, llega al pie del muro y permanece por un breve espacio silencioso, oculto en la penumbra.
—¡María! dice al fin: ¡María!
Y la blanca sombra al escuchar aquel nombre dos veces repetido, se inclina sobre la balaustrada y busca con la vista en el lugar de donde ha salido la voz á la persona que ha pronunciado aquel nombre.
—¿Quién eres? dice con la voz alterada aun por el terror la muger.
—Soy... tu hermano el infante Ismail.
—¡Oh! ¡pues si verdaderamente eres mi hermano, sálvame, sálvame de este hombre! ¡lo temo todo!... ¡esta noche ha podido defenderme la muerte!... ¡pero mañana!... ¿quién sabe?
—¡Mañana! ¡mañana la muerte te habrá defendido! dice con voz ronca el infante.