—No; mas bien llévame entre ellos: vengo solo, nadie me sigue: si soy traidor mas seguro estaré entre los conjurados, y si me matas, la conjuracion no tendrá efecto, porque yo soy el que la ha de alentar y hacer posible.
Parecian contener al moro estas palabras, dá un silvido y acuden otros moros; habla con ellos algunas palabras en voz baja el primero, y los otros van á reconocer los alrededores. Cuando se convencen que nadie hay en ellos, que el infante viene solo, vuelven, asen del infante, le vendan los ojos, le levantan en alto y le llevan: el infante siente abrir una puerta, bajar despues á los que le conducen unas escaleras, atravesar un largo espacio pendiente, detenerse y adelantarse uno de ellos solo. Poco despues escucha los pasos de aquel hombre que llega á los otros, habla en voz baja con ellos y siguen con el infante y le dejan en tierra y se retiran.
Entonces oye una voz que le dice:
—¿Eres tú el infante Mohammet-Ebn-Ismail, hijo del walí de Algeciras y primo del rey?
—Sí, contesta el infante.
—¿Quién te ha dado noticias de que estábamos aquí reunidos?
—Un astrólogo á quien he consultado.
—Has sido imprudente.
—El astrólogo no nos hará traicion.
—¿Y te conjuras tú contra el rey?