—Sí, quiero matarle.

—¿Por qué razon?

—Me ha quitado una cautiva en la toma de Martos.

—Y crees tú que se pueda matar al rey.

—Yo, si me ayudais le mataré mañana.

—¡Mañana!

—Sí, yo mismo, por mi mano.

—¿Será preciso que se amotine el pueblo?

—Se le amotina.

—No tenemos bastante dinero para ello.