—¿Y qué te importa? Lo que te importa, es entretener con esperanzas á Masud-Almoharaví para dar tiempo á que llegue tu padre.
—No.
—Acuérdate de Gonzalo.
—¡Ah! ¡Dios mio!
—Acuérdate de que tu hermano, amando á la sultana Ketirah, está entregado á Satanás.
—Pues bien; mentiré.
—Pues es preciso que te prepares, porque siento ya los pasos de Masud-Almoharaví que se acerca. A Dios.
Y el mago se levantó, adelantó hácia la puerta, y se desvaneció en su penumbra.
María quedó entregada á una fascinacion incomprensible.