—¿Y nada has sospechado?
—He creido por un momento que los cristianos...
—¡Llegar los cristianos á la Alhambra! ¡cuando los cristianos lleguen á sus muros, los montones de cadáveres serán mas altos que las sierras, y la Vega se habrá convertido en un mar de sangre!
—¿Y quién ha matado al rey?
—Yo, dijo Masud-Almoharaví, mintiendo porque no queria decir á María que el infante Ebn-Ismail habia matado por ella al rey.
—¿Y por qué le has matado? dijo María.
—¡Le amabas!
—¡Amarle yo! esclamó con horror María.
—Agradéceme entonces su muerte, porque con ella te he librado de una suerte horrible.
María, recordando siempre las últimas palabras del mago, se dominó.