Ketirah se levantó y salió.
Poco despues volvió acompañada del wazir.
—¡Masud! ¡Masud! esclamó Ketirah; ¡ha llegado el momento, quiere la corona de Granada!
—¡Qué quiere la corona de Granada... el infante Ebn-Ismail, el matador del rey Abul-Walid! aun no es tiempo... aun no es tiempo, mas adelante...
—Pero ya es tiempo de castigar vuestros crímenes, dijo Ebn-Ismail que habia corrido á la puerta de la cámara, la habia cerrado, y se habia guardado la llave.
—¡Oh! ¿qué es esto? dijo Masud-Almoharaví, mientras la sultana miraba aterrada al infante: ¿de qué crímenes hablas?
—Aun faltan dos personas; dijo sombriamente Ebn-Ismail.
—Pero yo no te comprendo, no puedo comprenderte, esclamó Ketirah.
—Faltan; mi padre y el esposo de mi hermana.
Y se puso á pasear sombriamente á lo largo de la cámara.