—¡Bah! le dije: estaría Vd. medio dormido.

—¡Cá! no señor: hace diez años los ví otra noche, y al dia siguiente murió mi muger.

—¿Y qué desgracia le ha sucedido á Vd. ahora?

—¡Se me ha muerto la lebrela!

Cuando un hombre habla con tanta fé, no hay mas recurso que oir y callar.

Es pues, una tradicion reconocida, creida como un hecho indudable la existencia en la torre de los Siete Suelos de la Alhambra de un caballo sin cabeza y de un perro con muchas lanas.

En cuanto á los Siete Suelos misteriosos no están en la torre, sino en el cubo semicircular de defensa que está situado delante de la torre[90].

Uno de estos suelos es una galería semicircular, en la cual de trecho en trecho hay una especie de nicho profundo y abocinado que atraviesa el muro, en cuya parte esterior hay una piedra con una abertura obalada y sobre ella una cruz calada.

Aquellos nichos estaban destinados á los escuchas.

En el pavimento, y tambien de trecho en trecho, hay aberturas cuadradas, respiraderos sin duda, de las galerías inferiores.