Cuando se arroja una piedra por uno de aquellos respiraderos, se la siente caer retumbando, como en una sima.
En cuanto á los Siete Suelos, estando cegada la escalera que conducia al tercero, nada puede asegurarse.
Pero cuentan los viejos, que cuando aquellas escaleras no estaban cegadas se bajaba bien al tercer suelo, pero que en el cuarto la atmósfera era espesa; que en el quinto no se podia ya respirar, que se apagaban las luces, por bien preparadas que fuesen, y por último, que los que se habian atrevido á llegar hasta la escalera que conducia al sesto piso, habian oido un estruendo sordo y pavoroso, y se habian vuelto aterrados.
Quede consignado, pues, que en Granada se cree en el Belludo y el Descabezado de la torre de los Siete Suelos; que se cree dominada la torre por un encanto, y que nadie ha bajado ni podria bajar hasta el sétimo suelo.
Veamos ahora la tradicion mora.
III.
Allá por los tiempos en que los árabes emprendieron su conquista sobre España, en el sitio donde ahora se levanta la torre de los Siete Suelos, dicen que habia una sima profundísima, en cuya parte interior, naciendo en su borde, se torcia un estrecho, escarpado y peligroso sendero.
Una tarde, á tiempo que el sol trasponia, apareció entre los montes un caballo que llevaba sobre sí una dama.
Aquella dama era negra, pero hermosa, como la reina de Saba; llevaba los cabellos sueltos y desordenados, vestida una flotante y larga túnica de púrpura, y en el cuello y en los brazos, collar y brazaletes de gruesas perlas.
El caballo era blanco é iba en pelo.