—Eva es la muger, ó por mejor decir, el conjunto de tentaciones de todas las mugeres.

—Pues bien, que aparezca Eva.

—Quiero ser generoso contigo; renuncio á tu posesion; no quieras ver á Eva, pues que si la vés eres mio.

—¿Pues no era Eva la que he visto?

—Era Eva, despues de haber hablado conmigo, la Eva del pecado y de la impureza; la que perseguia á Adan por los bosques del paraiso perdido, poniéndose entre él y Dios.

—Mientes; en tiempo de Eva, no se habia descubierto el oro, ni las perlas, ni existia Cachemira, ni Kufa, ni Damasco.

—Pero existen hoy, y yo he vestido á Eva como he querido. Estos sábios son insufribles: ¿si sabré yo lo que me hago?

—No, no lo sabes, porque te estoy pidiendo que me presentes ante los ojos á Eva, y resistes.

—Porque tengo lástima de tí, pobre tonto.

—Me obligarás á que pronuncie de nuevo el conjuro.