—Wamba sueña conmigo.
—¡Ah!
—Sí; un dia que estaba yo muy triste porque se habia despertado en mi alma el primer deseo del amor, evoqué la imágen de un hombre, que fuese hermoso, noble, rico, valiente y que no hubiese amado á ninguna muger.
Cuando yo le evoqué era la alta noche, y mi aposento estaba envuelto en tinieblas: entre mi lecho y la pared apareció un hombre como de unos treinta años.
Era rubío, blanco, y sus ojos azules eran tan hermosos, que me abrasaban de amor.
—¿Quién es ese hombre? ¿cómo se llama? pregunté al espíritu.
Entonces sobre su cabeza, en la pared oscura, apareció en letras de fuego este nombre: Wamba.
—¿De qué pueblo es y qué religion profesa? añadí.
—Es lusitano; de la ciudad de Igeditania, descendiente de los visigodos, y cristiano: magnate de la córte de sus reyes, es un capitan bravo é invencible, y tanto ama la guerra, que no ha sentido amor por muger alguna.
—Que mi imagen vaya al sueño de ese hombre, y que me ame, dige al espíritu.