Entonces ví que los ojos de Wamba me miraban con amor y con deseo; que se fijaban en mi boca y en mi seno desnudo, y que sus megillas palidecian.

Wamba me habia visto en sueños, y obedeciendo á mis conjuros, me amaba: ahora bien; yo no puedo romper mis prisiones, ayúdame tú, Satanás. Convierte á mi hermano en una bestia feróz obediente á mi voluntad.

Entonces yo trasformé en leon á Jamné y le traje humilde y manso á los pies de Zelpha.

—Has hecho mi voluntad, dijo ella, y te lo agradezco.

—Pues si no me das lo que te pido, volveré á tu hermano á su antigua forma y te entregaré á él.

—¿Y qué quieres?

—Quiero la descendencia que tuvieres de Wamba.

Zelpha, mala hija y mala hermana, era tambien antes de serlo mala madre.

Maltrató á Jamné, que habia encontrado en sus mismos crímenes el castigo, abrió sus arcas y sus armarios, se apoderó de sus riquezas, se vistió como una sultana, y al dia siguiente abrió la tienda, y se puso á vender telas, joyas y perfumes, teniendo á sus pies al leon rojo en que yo habia trasformado á su hermano.

Y no sabes tú con cuanta rábia veia Jamné, en cuyo cuerpo de leon vivia su alma de hombre, á su hermana engalanada, hermosísima, magnífica, prodigando sus sonrisas á los compradores, y escuchando sus palabras de amor.