La tienda de la hermosa judía, que tenia á sus pies encadenado y manso á un formidable leon de Africa, llegó á ser la mas concurrida de Toledo: frecuentábanla los caballeros mas principales, y todos enamoraban á Zelpha, y ella los escuchaba á todos, pero solo se bajaban sus ojos y se estremecia su corazon ante un hombre.

Aquel hombre era Wamba.

Con asombro de todos los que conocian la severidad del noble godo, y su desprecio á las mugeres, le vieron concurrir á la tienda de la hermosa israelita y palidecer de celos cuando veia á esta hablando ó sonriendo con otro señor.

Zelpha queria irritar la pasion de Wamba, y se veia reducida á esperarlo todo de su amor, porque el amor que sentia por Wamba la dominaba haciendo inútil su ciencia de hechicera.

Wamba pasaba todos los dias por la tienda de Zelpha y entraba en ella con frecuencia la compraba telas, joyas y perfumes, la miraba mucho de una manera ardiente é involuntaria, pero no la decia una sola palabra de amor.

Un dia por la mañana, cuando Zelpha abria su tienda, y amarraba por la parte de adentro á su hermano, trasformado en leon, un esclavo negro se sentó á la parte de afuera de la tienda y se puso á mirar de hito en hito á la jóven.

—¿Qué quieres? le dijo esta con altivez.

—Si no te enojaras, lumbre de Dios, dijo el esclavo, yo te daria un mensage que traigo para tí.

—¿Tal es, que pueda ofenderme?

—Es un mensage de amor.