—¿Quién te envia?
—Un señor muy noble y muy rico.
—¿Cómo se llama?
—Wamba.
—¡Ah! dijo Zelpha.
—¿Qué diré á mi señor? preguntó el esclavo.
—Díle que esta tarde pasearé á la puesta del sol por las huertas del rey.
—¿Y nada mas?
—Nada mas.
El esclavo partió.