—Sí.

—¿Pero cómo pueden satisfacerse mis amores estando Bekralbayda al lado de la sultana?

—Ese es negocio tuyo.

—¿Y qué mas quieres para entregarme esa doncella aunque sea de ese modo?

—Ser tu astrólogo: vivir en tu alcázar.

—¡Y nada mas pides! esclamó con asombro el rey Nazar.

—Nada mas quiero, contestó con voz cavernosa el astrólogo.

—Puedes traer mañana á Bekralbayda al alcázar.

—Pues bien; mañana la traeré. A Dios.

Y salió tan silenciosamente como habia entrado, dejando fascinado y mudo al rey Nazar.