IX.
DE CÓMO EL PRÍNCIPE MOHAMMET ESTUVO Á PUNTO DE SER AHORCADO POR LADRON.

Bekralbayda era feliz.

Es verdad que aun no sabia el nombre de sus padres, pero sabia el de su amado.

Las sombras y el silencio habian protegido el delirio de sus amores con el príncipe.

El príncipe, por su parte no podia ser tampoco mas feliz: la muger de su amor era suya en cuerpo y en alma.

Los dos amantes se habian separado antes del amanecer, dándose cita para la noche siguiente.

Yshac-el-Rumi habia pasado la noche en vela, inmóvil, apoyado en el alfeizar del ajimez.

La dama blanca habia dado salida al príncipe por el portillo de una cerca.

Bekralbayda, embellecida por un nuevo encanto, se habia dirigido á su retrete, se habia arrojado en su lecho y habia dormido un sueño de amores.

El príncipe se habia encaminado á la Colina Roja, y se habia ocultado en las ruinas del templo de Diana.