—Busco á la doncella mas hermosa de Toledo.

—¿Será esa acaso la judía de la calle del Sol?

—¡Oh! ¡ella es á quien amo! Adios.

—¿Por qué te vas, señor?

—Voy á buscar á esa doncella.

—¡Oh! pues no sigas, señor mio, porque esa doncella enamorada está á tus pies.

Y Zelpha echándose atrás el velo, y descubriendo su resplandeciente hermosura, aumentada por sus resplandecientes galas, asió las manos de Wamba que la levantó en sus brazos.

Nadie los veia mas que la blanca luna que acababa de aparecer en el oriente.

XI.

Por un postigo del muro de Toledo, entraban aquella misma noche una muger envuelta de los pies á la cabeza en un velo blanco, y un hombre envuelto asimismo, de la cabeza á los pies, en una clámide roja.