Zelpha quiso detenerle, y no pudiendo detenerle por su voluntad, pensó en valerse de un filtro.
Pero no queria confiarse á nadie, ni podia tampoco hacer el filtro en el palacio de Wamba.
Una mañana muy temprano, con el pretesto de ir á visitar su casa, salió del palacio de Wamba.
Al acercarse á la tienda, la sorprendieron los horribles rugidos del leon su hermano, y una espiral de negro humo que salia por encima de la casa.
—¿Qué será eso? dijo Zelpha.
Aquello era que Jamné, que aunque habia perdido la forma de hombre no habia perdido la inteligencia, hambriento, celoso, desesperado, habia llamado al infierno y hablaba conmigo.
Me pedia que yo le restituyese á su forma de hombre y á su poder de hechicero.
Pero yo no podia hacerlo, porque Jamné estaba hechizado por un conjuro invencible para mí.
—Pero le dije: Zelpha se acerca.
Jamné se echó á temblar.