—Y me maltratará, dijo, porque me aborrece y es cruel.
—Zelpha no puede maltratarte, le dije.
—¿Y por qué?
—Porque ha perdido su poder y su ciencia al perder su pureza entre los brazos de Wamba.
—¡Ah! esclamó Jamné en un rugido mezcla de dolor y de alegría; ¿conque Zelpha apagará la sed de mi amor?
—Recuerda que es tu hermana.
—¿Y qué me importa?
—Ofenderás á Dios, y Dios te castigará.
—Yo la amo.
—Si tu hermana es tuya, concebirá y tendrá una hija.