Y Jamné bien ageno de la crueldad de su hija, dormia.

Asenéth se levantó, fué á un ajimez de su retrete, y miró á las estrellas.

—Hablad para mí, dijo.

Y las estrellas temblaron en su inmensidad y enviaron á Asenéth trémulos resplandores.

Asenéth, leyó en aquellos resplandores las siguientes palabras:

—«Evoca al génio de la vida.»

—Poderoso génio de la vida, dijo Asenéth asiendo un amuleto obra del sábio rey Salomon, ven.

Apareció un génio horroroso.

Tenia cuatro pechos, cuatro ojos, cuatro manos y una cabellera de fuego.

En la una mano tenia una llave de oro, y en la otra una llave de plomo.