—De ningun modo.

—¿Pero puedo dejarle encantado en mi palacio?

—Dios romperá el encanto cuando llegue la hora del castigo.

—¿Pero Ervigio, será mi esposo?

—Será tu amante...

—¿No mas que mi amante?

—Ervigio cuando sea rey te abandonará.

—No le haré rey.

—No puedes, á no ser que le dejes despedazar por tu padre.

—Yo soy sábia, soy hechicera...