—¿Te acuerdas? dijo la culebra.
—¿De qué?
—De la tarde de horrores.
—¡Ah! ¿de aquella tarde en que un anciano de barba blanca, que venia montado en un asno, y acompañado de sus dos hijos, hombre y muger, se detuvo al pié de la acacia junto á la fuente?
—Sí. ¿Te acuerdas?
—Me acuerdo de que el viejo se apeó, se sentó junto á la fuente, sacó su hijo provisiones de unas alforjas, comieron él y su padre y su hermana, y luego el viejo se tendió bajo la acacia y se durmió.
—¡Sí! ¡sí! veo que te acuerdas, y te acordarás tambien de que los dos hijos del viejo eran muy jóvenes: el tendria veinte años y ella catorce. El era hermoso y fuerte, y ella delicada y pura como una flor.
—Sí, es verdad, dijo el lagarto; él se llamaba Jamné y ella Zelpha.
—¿Y eran judíos?
—Y malditos.