—¿Te acuerdas?
—El asno que era muy fuerte iba muy cargado y pacia la yerba; pero paciendo, paciendo, no quitaba ojo del viejo que dormia.
—¿Y no te acuerdas de mas? dijo la culebra.
—¡Vaya! me acuerdo de lo que dijeron los dos malditos, ¿y tú?
—Yo tambien.
—Jamné se acercó á su padre y le examinó atentamente: el viejo no se movia: entonces Jamné sacó de entre su hopalanda un largo y reluciente puñal, y acercó su hoja á la entreabierta boca de su padre.
La brillante hoja del puñal no se empañó.
—Nuestro padre no despertará, dijo Jamné á Zelpha.
—¿Y por qué? dijo Zelpha.
—Porque nuestro padre ha comido un dátil que yo traia guardado para él desde Africa.