Zelpha se encojió de hombros.

—De modo que, dijo, lo que el asno trae sobre sí, es nuestro.

—Nuestro es el tesoro de perlas, diamantes y telas preciosas que trae sobre sí el asno.

—¿Y dónde iremos á llevar esas riquezas?

—A la córte imperial de los godos, á Toledo. Pero para que no interrumpan el sueño de nuestro padre, acostémosle en un lecho eterno.



—¿Y cómo abriremos ese lecho? no tenemos mas hierro que tu puñal.