—Y yo tambien, añadió la culebra.
—Y yo, dijo la golondrina, que escuchaba todo esto, sentia que las plumas se me arrancaban de la carne, amigo ruiseñor.
—Los hombres son infames y réprobos, añadió el ruiseñor; se gozan en el mal: yo no los puedo ver.
—Ni yo: el año pasado me destruyeron mi nido.
—Y á mi hace pocos dias me mataron mi compañera, por eso canto tan tristemente.
—¡Pobre ruiseñor!
—¿Y no dijeron mas el lagarto y la culebra?
—Sí, sí dijeron: y yo los escuchaba, porque aunque tenia mucho miedo, tenia mas curiosidad.
—Hembra al fin, dijo el ruiseñor.
—Pues como decia, continuó la golondrina desentendiéndose en la observacion del ruiseñor, el lagarto y la culebra siguieron hablando, y yo escuchándolos.