—¿Y no veré satisfecho mi amor?

—Tú serás muy feliz durante algunos años, ¿pero que serán esos años? un instante, menos que un instante en la eternidad: Satanás ha sido muy cruel contigo: porque tú has sido muy cruel con tu padre.

—¿Quién se acuerda ahora de aquel viejo avaro que me tenia emparedada?

—Dices bien: ¿á qué acordarse de eso? tu padre duerme tranquilo en la tumba.

—Quiero ver á mi adorado, dijo Leila dejándose caer sobre un diván.

—¿Y vas á recibirle así? es virtuoso y casto, y tu desnudez le sonrojaria.

—Vísteme de túnicas de luz, dijo Leila.

Inmediatamente lucientes y finísimas túnicas cubrieron á la jóven.

Leila entonces parecia un astro caido del firmamento.

Pero sus resplandores no ofendian á la vista.