—Quiero ver á mi amado, ¿dónde está?

—Llorando sobre la tumba de tu padre.

—Que se sequen sus lágrimas, y que sienta mi amor en su corazon.

—Ya no llora y se estremece dulcemente alhagado por un fuego desconocido.

—Ahora, llévame con mi palacio á Damasco.

—Mira por aquella ventana, ¿qué vés?

—Veo fuertes torres á la luz de la luna, dijo Leila.

—Aquel es el alcázar del califa.

—Veo á los pies de la altura donde está ese alcázar una ciudad cubierta por la sombra.

—Esa ciudad es Damasco. ¿Qué mas quieres?