Abraham descabalgó de su asno, y entró en la mezquita.

El morabitho estaba prosternado delante del mirab.

Prosternose tambien Abraham, y oró.

Cuando se levantó, vió delante de sí al morabitho, que era un anciano de barba blanca.

—¿Qué buscas ante Dios? dijo el morabitho.

—La tentacion me ha acometido, hermano, dijo Abraham, cuando oraba esta noche sobre la sepultura de mi padre.

—Dios solo es veráz, y Satanás es pérfido; lleno de lazos tendidos por el demonio está el camino de la vida: dichosos los que, como tú, acuden en sus tribulaciones á Dios.

—Es que me siento vacilar, hermano mio.

—¿Qué te dice el diablo?

—Ha llenado de amor mi corazon.