Cuando el califa salió, Leila-Fatimah se puso el abanico sobre el corazon, sobre los ojos y sobre la cabeza, y llamó al génio.

El génio acudió.

—El califa sacará á la media noche á Abraham de la casa de Dios, le dijo: prepárate á hacerle venir.

—¿Y vendrá?

—Vendrá.

Ahora prepárame mi aposento nupcial, y aumenta mis galas y mi hermosura.

El geniecillo al escuchar aquel mandato, soltó una carcajada tal, y tan siniestra, que aterró á Leila.

—¿Por qué te ries, dijo la maga?

—Me rio por la locura de tu amor, contestó el génio: pero ya he hecho tu cámara nupcial, y he aumentado tu hermosura y tus galas: ven á ver mi obra, y á mirar tu belleza.

Y ella fué á examinar aquel nuevo milagro del génio.