XXII.
Llegaba la media noche.
El anciano morabitho de la mezquita del valle, consultaba tristemente las estrellas.
Junto á él estaba Abraham.
—El espíritu del mal te persigue, dijo el morabitho al hebreo.
—¿Y cómo podré conjurarle? dijo este.
—La muerte se acerca: si la arrostras sin temblar serás salvado, pero si no caerás en poder de Satanás y te perderás.
—¿Y no hablan mas claro las estrellas?
—Las estrellas hablan siempre misteriosamente; pues te avisan de un peligro y te dan el medio de conjurarlo; ese medio es morir con el valor de un mártir sin estremecerte ante la muerte.
—Voy á orar, dijo Abraham, para que Dios me dé su fortaleza.