Al ver las gentes tan solícita y tan enamorada á la hermosísima mercadera de su viejo marido, se maravillaban y decian:

—Ese hombre debe de haber dado á su muger hechizos para que le ame de tal modo.

Y las gentes no sabian que el hechizado era Abraham.

Porque Leila parecia la mejor muger del mundo, con sus grandes y dulces ojos de gacela y su alegre sonrisa.

Pasaron aun siete años.

Centuplicóse el caudal de los esposos.

Jamné era ya un hermoso mancebo y un terrible mago, y su hermana Zelpha una hermosa niña de siete años, que parecia haber nacido de una sonrisa de la aurora.

Al cumplirse los siete años de la vida de Zelpha, Jamné empezó á amarla con un amor incestuoso y maldito.

Zelpha estaba crecida de una manera maravillosa.

Parecia una muger.