—Pero Wamba es su rey.
—¿Y qué importa? ¿no me amas tú?
¡Qué si te amo! tu eres mi luz y mi vida, pero...
—¿Quieres ser rey?
—Sí. Mas que eso: quiero vencer á Wamba.
—¡Le vencerás! ven conmigo.
Ervigio siguió á Asenéth que le llevó al alcázar mágico.
Dejóle en una cámara, se encerró en otra, y á poco salió con un pomito de oro en las manos.
—Haz que den esto á Wamba y eres rey, le dijo.
—¿Y cómo he de hacerlo sino salgo de este alcázar? contestó el godo.