—¿Me olvidarás, Ervigio, cuando te encuentres fuera de aquí? dijo Asenéth rodeándole los hermosos brazos al cuello.

—Antes se olvidará el sol de alumbrar el dia que yo te olvide, repuso Ervigio.

—Pues bien, sino vinieres cuando seas rey, yo iré á buscarte. Acuérdate de que me quedo.

Ervigio besó amorosamente los ojos de Asenéth.

—Vas á verle en el alcázar de Wamba.

Apenas pronunció Asenéth estas palabras, cuando Ervigio se vió en las galerías del alcázar de Toledo.

Y entonces le pareció un sueño lo que le habia acontecido en el alcázar mágico; pero vió en sus manos el pomo de oro que le habia dado Asenéth, y esclamó:

—No ha sido un sueño: hé aquí el filtro que me ha dado la maga enamorada. Veamos si por medio de este filtro seré rey.

Y buscó en el alcázar á uno de sus parciales en quien tenia estremada confianza Wamba, y se encerró con él, y estuvieron hablando largo tiempo.

XXX.