Al dia siguiente, Wamba adoleció.
Habia bebido el filtro compuesto por Asenéth.
Perdió el sentido súbitamente á las primeras horas de la noche, y todos creyeron que moria.
Para enterrarle con muestras de humildad, cortáronle el cabello, señal de nobleza entre los godos, y le pusieron la mortaja.
Cuando Wamba volvió en sí, y encontró su cabeza trasquilada, esclamó:
—Hé aquí que queda franco mi trono á los traidores, porque yo no puedo ser rey[94].
Y en aquel mismo punto, pidió que le trajesen á Ervigio.
Wamba estaba loco.
—Yo he muerto le dijo; pero tú vives y eres fuerte; ¿querrás tú la corona que se me ha caido de la cabeza? ¡Ah! ¡ah! ¡y qué bien llevarás tú mi corona!
Y los parciales de Ervigio, aprovechándose de aquella estraña locura de Wamba, le hicieron firmar la renunciacion de su corona en Ervigio.