Luego Wamba espresó su deseo de retirarse del mundo, y partiendo á Pampliega tomó el hábito de monge.

Ervigio era rey de los godos.

Debíalo á las artes mágicas de Asenéth, y sin embargo de la embriaguez de su grandeza se olvidó de Asenéth.

Y en vano Asenéth le llamó; en vano desesperada con su soledad y con sus lágrimas me evocó y me pidió que la ayudase.

—Mata á Ervigio, decia yo.

Pero ella no se atrevia á matarle porque le amaba.

Pasaron siete años; siete años desde que Ervigio poseyó á Asenéth y Ervigio murió.

Murió de una enfermedad desconocida, y Asenéth á causa de su ciencia le vió morir, se aterró y esclamó:

—Sea yo llevada de esta tierra maldita, donde le he conocido, donde le he amado, donde le he esperado y donde reposan sus cenizas: conviértame Dios en una fiera, que no pueda amar á hombre, ni de hombre ser amada, y noche de quebranto y de duelo sea conmigo.

Y apenas Asenéth, impulsada por su desesperacion, habia pronunciado estas palabras, cuando se encontró en un profundo y oscuro antro.