Junto á ella habia un perro.
Pero un perro formidable: habia pasado el poder de Asenéth, y su padre habia recobrado su fuerza de leon.
Asenéth, convertida en leon, rugia de dolor por la muerte de Ervigio.
Y entonces Jamné fué dueño de su hija, y así vivieron algun tiempo en aquel profundo antro los dos malditos.
Pero Jamné fué un dia muerto por unos cazadores.
Asenéth quedó sola.
Y en su soledad dió á luz esos dos gemelos que tengo sobre mis rodillas; el uno hombre con cabellos, ojos y piel de leon, el otro estraña mezcla de leon y de perro.
Ya sabes la larga historia de los padres y de los abuelos de ese niño, y de ese perro, Almedí.
¿Quieres ahora que te dé los amores de la Eva maldita?