Almedí habia escuchado atentamente aquel largo relato, y se habia estremecido mas de una vez.
Cuando Satanás concluyó aquel cuento, Almedí invocó poderosamente á Dios.
Entonces la Eva, la hermosísima Eva maldita, y el maravilloso alcázar que la contenia desaparecieron.
Solo quedaron delante de Almedí, el pequeño hombre-fiera, y el estraño cachorro de perro y de leon.
Almedí circuncidó al hombre-fiera y le puso por nombre Jask-Al-bahul.
Buscó una nodriza á propósito para cada uno de los dos hermanos, y se dedicó á la enseñanza del que podia comprenderle y serle comprensible, por que Almedí no conocia el lenguaje de los animales.
Cuando Jask-Al-bahul fué crecido, le contó su historia, revelóle que aquel lanudísimo perro era hermano suyo, que debia tratarle como á tal, y ser bueno y temeroso de Dios si queria apartar de sobre sí la maldicion que pesaba sobre su familia.
Jask-Al-bahul, por el contrario de los suyos, crecia en la virtud, amaba á su hermano, aunque bajo aquella figura, y el feróz perro era para él, como para Almedí, sumiso y manso como un cordero.
Y pasaron así desde el nacimiento de Jask-Al-bahul y de su hermano, tres veces siete años.
Almedí murió, teniendo de un lado al hombre-fiera y del otro al perro-leon.