Despues que le hubieron enterrado y honrado, Jask-Al-bahul, dijo á su hermano:

—Hemos quedado solos, pero somos fuertes y valientes; yo voy á vender la escasa herencia que nos ha dejado el buen Almedí, y compraré una lanza y un caballo, iremos al ejército de los árabes que siguen sus conquistas en Africa, y ganaremos nuestro sustento en batalla.

El perro movió la cola y lanzó un leve gruñido como aprobando la determinacion de su hermano, y éste vendió lo que les habia dejado Almedí; compró una lanza y un caballo y salió de Tánger precedido de su hermano que rastreaba el camino.

El perro-leon habia tomado el camino de las montañas, y caminaba aprisa, tan aprisa, que apenas podia seguirle el caballo de Jask-Al-bahul.

—¿Y dónde me llevas, hermano? decia Jask.

El perro seguia rastreando y callando, y cada vez mas de prisa.

Al fin, para no perderle de vista, Jask tuvo que poner su caballo á la carrera.

Muy pronto se aventuraron en la montaña.

Corria el perro, y corria el caballo.

—¿Y adónde me llevas, hermano? decia Jask.