Y el perro y el caballo, el uno detrás del otro, seguian corriendo.
Llegó la tarde, bajo el sol, apareció la noche y lució en los cielos la luna.
Y el perro y el caballo seguian corriendo.
De repente se presentó á los ojos de Jask una llanura inmensa, inmensísima.
Las anchas colinas de arena, se perdian en el horizonte.
Allá á lo lejos se veia una ciudad.
Y antes de la ciudad una torre.
Y el perro siguió corriendo hasta la torre.
Algunos hombres pasaban por el camino en sus camellos, y decian á Jask:
—¿Vas á caso en busca de la doncella pálida, buen caballero? Si así es, que Dios te ayude.