Y uno tras otro siete viageros, dijeron las mismas palabras á Jask.

Cuando le habló el sétimo, Jask procuró detener á su caballo, y por primera vez, el caballo obedeció; paróse, y delante de él se tendió en tierra el perro.

—Díme tú por tu vida, así Dios te ayude, ¿qué doncella es esa pálida, de que me hablas?

Detuvo el viagero su camello y contestó:

—Esa doncella es la mas hermosa doncella del mundo; túvola el rey de estas regiones, Almunassar, de una maga con quien se habia casado; pero por ser tan hermosa esta doncella, su madre, que no queria que se casase sino con un hombre muy valiente, hizo que el rey Almunassar encerrase á la doncella en una torre, que es aquella que se vé allá, bajo los rayos de la luna, y para que la guardase, puso un jigante, que siempre de dia y de noche sin comer y sin dormir, está dando vueltas alrededor de la torre con su clava al hombro. Muchos caballeros muy valientes, atraidos por la fama de la hermosura de Aydamarah, que este es el nombre de la doncella pálida, y aun por el tesoro que encontrara con esta doncella el que venciese al jigante, han venido, pero los huesos de todos blanquean allá alrededor de la torre formando una muralla horrorosa, porque han venido miles de caballeros y á todos los ha esterminado el jigante, que es invulnerable y solo puede matársele hiriéndole en el ojo izquierdo: pero tiene puesta sobre el ojo una defensa de acero tan fuerte, y es tal su destreza para guardarse de los golpes, que todos los que han pretendido matar al gigante han perecido; además, para vencerle es necesario pronunciar al herirle ciertas palabras misteriosas que nadie sabe; con que así, buen caballero, si vas en busca de la doncella pálida, que Dios te ayude.

Y tras estas palabras el viagero arreó á su camello, y siguió su camino.

Jask era tan valiente como la fiera á quien se parecia tanto, y bastó con que conociese aquel peligro, para que desease vencerlo.

—Y llévame á la torre donde se guarda por ese gigante la doncella de la frente pálida, la hermosa hija del rey Almunassar y de la maga, dijo al perro:

Y el perro partió de nuevo á la carrera, y siguióle á la carrera el caballo de Jask.

Y se acercaba la torre, se acercaba hasta el punto de ver sus almenas y sus ajimeces, y el jigante que como una muralla de hierro movible, daba vueltas alrededor de ella, relumbrando bajo los rayos de la luna.