Allá lejos, muy lejos, hay una laguna salada.
Entre las rocas de sus orillas relumbra cuajada la blanca sal.
Si tú lograses llegar hasta la laguna salada;
Si llenares de la sal que blanquea sus orillas el saco de tu caballo;
Con esparcir á tu alrededor aquella sal cuando te acometiesen los jigantes habrás vencido.
Los jigantes habrán sido esterminados.
Pero para llegar á la laguna salada, es necesario esponer el cuerpo y el alma.
En el camino encontrarás por do quiera la tentacion.
Y si á la tentacion cedieres, serás convertido en roca, en roca del desierto, y dentro de ella encontrarás tu infierno.
—Dios el Altísimo y Unico me ayudará.