Y Jask invocaba á Dios.
Y pasaban junto á él las ardientes arenas, los fragmentos de las rocas, las palmeras arrancadas de su asiento.
Pasaban sin tocarle.
Sin tocar á su hermano el perro.
Y la tromba aumentaba, y el ronco mugido crecia, y el perro ahullaba con mas fuerza, y el temblor del caballo crecia.
Y Jask, con el corazon sereno, continuaba invocando el nombre de Dios.
Pasó la tromba.
A la niebla caliginosa é impura, sucedió un cielo azul y radiante, como Jask no le habia visto jamás.
La tierra estaba cubierta de verdor.
Frescos bosquecillos se levantaban en torno de claros lagos, y el camino por donde Jask marchaba, estaba cubierto de flores.