Alegres y seductoras risas se escuchaban, como si las produjesen mugeres invisibles.

Jask vió agitarse una forma hermosísima en el fondo cristalino del lago.

Luego se rompió su tersa superficie, y salió al encuentro de Jask una hada desnuda.

Fascinaban sus miradas, embriagaba su aliento; sus brazos estrechaban á Jask, su seno se comprimia contra el suyo, su boca fresquísima y llena de ambrosía, le besaba, y su acento ardiente y opaco le decia:

—¡Yo te amo!

—Yo solo puedo amar á una muger, dijo Jask rechazando á la hada.

—Aidamarah es una mortal, y yo soy el génio inmortal del amor; mis placeres serán para ti eternos; yo te anegaré en delicias y cada dia seré mas hermosa, mas resplandeciente; ámame porque yo desfallezco por tí.

—Mi corazon es de Aidamarah, esclamó de nuevo Jask, y rechazó vigorosamente la tentacion.

—Tú serás como Dios, si me poseyeres, dijo la hada.

—No hay mas Dios que Dios el Altísimo y Unico, esclamó Jask.