Y la hada impura, y el trasparente lago, y el sombroso bosquecillo, desaparecieron.

La lujuria habia sido tan impotente para con Jask, como lo habia sido la soberbia.

De repente Jask, se encontró en un palacio: un viejo encorvado y trémulo, marchaba delante de él: llevaba un haz de llaves.

Aquel viejo, se detenia de tiempo en tiempo delante de una fuerte arca.

—Hé aquí plata, decia volviéndose á Jask.

Jask seguia adelante.

El viejo dejaba el arca abierta, adelantaba á Jask, abria otra arca y le decia:

—Hé aquí oro.

Jask seguia andando mas de prisa.

El viejo corria y se adelantaba.