—Hé aquí perlas y rubíes, esclamaba abriendo otra arca.

Jask, siempre en silencio, apresuraba su paso.

Pero el viejo se ponia delante y abria otra arca.

—Hé aquí esmeraldas y carbunclos.

Y Jask corria.

El viejo se adelantaba jadeando, y abria otra arca.

—Hé aquí diamantes grandes como huevos de paloma.

Y Jask apresuraba su carrera.

—El que posea estas riquezas, será señor del mundo, gritaba el viejo no pudiendo seguir á Jask.

—No hay mas Señor que Dios en la tierra y en los cielos, esclamó Jask.