Entonces desapareció el palacio.
Jask habia triunfado de la avaricia, como habia triunfado de la soberbia y de la lujuria.
De repente Jask se encontró desnudo, roto, y pobre en la plaza de una ciudad; todos los que pasaban y los que se cruzaban, se le ponian al paso, le miraban descaradamente, y se le reian.
—¿Adónde irá este? esclamaban.
—El horrible.
—El imbécil.
—El mendigo.
—El cobarde.
—El hijo de la ramera.
—Insultadle, para que no se atreva á mostrar su hediondez entre nosotros.