Y Jask impasible decia:

—Apartaos y dejadme hacer mi camino.

—¿Y adónde irás tu? ¡á algun tremedal, único lugar digno de tí!

—Arrojadle lodo hasta que le sepulteis; ¿quién le ha traido á manchar con su presencia nuestra hermosa ciudad?

Y le arrojaban lodo y le escupian, y Jask seguia adelante sin irritarse y esclamando siempre:

—Dejadme, dejadme hacer mi camino.

—Es un cobarde, decia una muger impura; ¿no veis cual sufre los insultos?

Y le hirió con su chapin en la cara.

—No hay otro valiente que Dios, esclamó Jask; solo El es el Fuerte y el Invencible.

Desapareció todo aquello.