Jask habia vencido á la ira como á la soberbia, á la lujuria y á la avaricia.

Pero estaba cansado y hambriento, no caminaba ya sobre flores, ni sobre alfombras, ni sobre plazas enarenadas, trepaba penosamente entre ásperas rocas.

Durante mucho tiempo sufrió, pero al fin no pudo resistir.

—Tengo hambre y sed, dijo.

—Come y bebe, señor, dijo un génio apareciendo de repente y mostrándole una hermosa tienda.

Jask entró en ella.

Encontró dentro un blando diván, y delante del diván, sobre una magnífica alfombra, vió vagilla de oro, y copas y trasparentes frascos.

Y las fuentes llenas de viandas, y los frascos llenos de licores.

—Come, señor, y reposa, dijo el génio.

Jask examinó los manjares; pero todos estaban prohibidos por la ley.